Soportar
Caminé tanto y llegué
al final de mi destino para descubrir lo que en el fondo ya sabía, mi carencia
de fuerza. Me creía capaz dentro de mis
conceptos, pero encontré que mis debilidades en ocasiones superan mis expectativas, que la
palabra continuar es ajena, distante, sombría. La fuerza no
es una solución, es mi problema. Enfrentar que vivo insegura de cualquier paso por dar, que hasta temo de mi propia respiración, que levantarme cada día y ver
mi reflejo en el espejo tan llena de desconfianza me turba el pensamiento me carcome
el alma.
Sí, el alma, cargada de venturas y desventuras, hoy ella me
grita, me clama versos de cavilación, me pide que me detenga por un segundo y
escuche mi agitación, el peso de mis pensamientos, el insomnio reflejado en mis
ojeras y la palidez que se asienta en mi rostro junto al padecimiento que ha
llevado mi cuerpo.
Aunque es el cuerpo quien físicamente lleva la vida, es el
alma quien la soporta, me gustaría detenerme en esta última palabra soportar.
Usualmente interpretamos o relacionamos el
soportar con el sufrir o padecer, lo vemos como algo negativo, cuando en
realidad que el alma soporte las situaciones
de la vida es la lucha, el aguante, la resistencia interna de lo que somos, de
lo que hemos vivido, de quienes están y estuvieron en nosotros, de lo que fue, de
lo que es y de lo que será.
Y hoy mi alma me
reclama a gran voz que resista, mis debilidades no pueden superarme , porque soportar no es lo malo, lo perjudicial
es no aprender, que por una nube negra
no se puede desvanecer el azul del cielo, hoy puede salir el sol y mañana el
cielo puede estar nublado y con lluvia y no por ello debemos dejar de resistir.
No olvidemos que las flores son tan majestuosas porque necesitan del sol y de
la lluvia para crecer, para vivir.
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